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Foto de Familia

8 mayo, 2010
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Una “foto de familia” para la ilación de la historia marplatense

De las centenares de fotos que los marplatenses están enviando a “Fotos de Familia”, el nuevo blog de la edición digital del diario LA CAPITAL que administra el periodista Gustavo Visciarelli, una, en particular, me llamó la atención. Data del 14 de setiembre de 1925 y muestra la costa de Mar del Plata con un espectacular manto de nieve…una impresionante nevada en setiembre (¿¡setiembre!?) de 1925.
Recuerdo la gran nevada en Mar del Plata del 1º de agosto de 1991. Fue una fiesta, algo extraordinario. Pero, entonces, algunos viejitos nos decían que esa nevada, la de 1991, no había sido la más grande en la historia marplatense, sino una de los años 20. Referencias vagas, que allí quedaron.
Pero ahora, gracias a la tecnología y al amigarse con ella, y también a que en este mundo ultracompetitivo, acelerado y excluyente, un nieto se pone a ver un viejo album de fotos con su abuelo, aparece, por primera vez públicamente, una foto de la que tal vez sea, ciertamente, la nevada más grande de nuestra historia.
Me dio curiosidad. ¿Qué se habrá publicado en el diario LA CAPITAL al día siguiente, el 15 de diciembre? La página amarronada tiene una pequeña crónica poética del fenómeno climático, pero ninguna fotografía. Año 1925, y una fotografía en la prensa era algo todavía extraordinario.
No obstante otro titular en el mismo ejemplar me llamó la atención: el Príncipe de Gales, Eduardo de Windsor, debía permanecer en Viña del Mar, Chile, porque un temporal de nieve impedía que el tren que lo había llevado hasta allí retornara a la Argentina, más precisamente a Mar del Plata, donde en su puerto flamante y aún de gran calado, esperaba el Repulse, la nave de impresionante porte que había trasladado al heredero de la corona británica hasta el puerto de Montevideo. Allí el Príncipe, que había viajado hacia la América del Sur invitado por el presidente de la Argentina, Marcelo T. de Alvear, trasbordó a un barco más pequeño, más agil para sortear el estudiario del Río de la Plata y llegar a destino, con toda la paquetería de Buenos Aires, confirmando que la Argentina alvearista, entonces entre los diez países más grandes del planeta, y el Reino Unido tenían excelentes relaciones al punto de volverse “carnales”, al poco tiempo, con el Tratado Roca-Runciman de 1933.
¿Y el Repulse? Siguió hacia Mar del Plata, hacia ese puerto que, como lo recordamos hace poco con motivo de cumplirse los cien años de la ley que dispuso su creación, fue concebido como de aguas profundas y como alternativa para el de Buenos Aires, al influjo de la desesperación del establishment nacional al ver que el Canal de Panamá podía hacer desaparecer todo el tráfico marítimo que unía los océanos, el Atlántico y el Pacífico, bordeando el Cabo de Hornos, en el extremo sur americano, pasando por el mar argentino.
¿Y el Príncipe? Bajó en Buenos Aires, fue motivo de agasajos todas las noches (en uno con la participación del dúo Gardel-Razzano), partió en tren junto a su comitiva y a los fascinados funcionarios del país hacia Mendoza y Chile, volvió después del temporal de nieve que azotaba a toda la región, llegó a la ciudad, lo recibió Teodoro Bronzini, se alojó en Chapadmalal, en la estancia de los Martínez de Hoz. Y la ciudad, pese a uno de los más crudos inviernos que haya vivido, a pesar de la nieve, vivió alterada, tal vez de manera similar a cómo lo estuvo cuando ancló frente a nuestras costas el portaaviones norteamericano Kitty Hawk, en 1991, aquel año cuando también el tiempo y la misma Tierra parecieron enojarse, ya que tuvimos de todo, la nevada, la ceniza que arrojó un volcán chileno que tapó a la localidad santacruceña de Los Antigûos, y un huracán que arrancó de sus amarras al Marcelina de Ciriza, el increíble barco fantasma que encalló frente a la costa a la altura de la avenida Constitución.
Al fin, esta asociación –demasido libre, tal vez– de hechos en el tiempo tenga como ilación un ánimo indagador, por caso la simple curiosidad de conocer detalles de aquella inédita visita de un príncipe británico al país, a Mar del Plata, aquel Eduardo de Windsor, personaje de novela que abdicó al trono por amor. Ciertamente, un personaje de otro tiempo.
Y la ilación podría ser científica, ¿por qué no? ¿Que ocurriría si en el próximo mes de setiembre cayeran nevadas intensísimas sobre la Argentina y Chile que paralizaran el tráfico ferroviario? Páginas y páginas de los diarios y minutos y minutos de la radio y la televisión hablarían del cambio climático, de lo mal que tratamos a nuesta casa los terráqueos con nuestras fábricas contaminantes y nuestra afán de comodidades y seguridades. Que es así, claro está, excepto que aún los científicos no se ponen de acuerdo sobre causas y consecuencias del cambio climático y de esos “enojos” que la Tierra puede demostrar en 1925, en 1991 y en 2010, según me advirtió, en consulta para este artículo, uno de los reconocidos meteorólogos de la ciudad, José Merlos.
También, por mero y disculpable (?) machismo, podríamos preguntarnos qué les pasa a veces a algunas mujeres marplatenses, ya que muchos recordarán haberlas visto alborotadas con la visita del portaaviones, algo parecido a lo que sucedió con aquel barco que trajo al Príncipe de Gales. Como parte de los festejos, en aquel 1925, se jugó un partido de fútbol en un estadio ubicado en la actual Plaza España, entre una selección local y un equipo integrado por los tripulantes del barco. Una gran hinchada femenina alentaba a rabiar a aquellos “marines” de 1925.
O al fin la ilación podría ser sobre la historia marplatense y el juego que la memoria y el vivir hacen para construír nuestra identidad, el ser marplatense.
Y lo que me es seguro, después de todo, es el resultado del comunicarse, del compartir.
Esa fotografía estuvo por años arrumbada en un cajón. Ese abuelo la compartió, ese nieto pegoteado a la compu y al celular la envió al diario que nunca lee, y hoy, como nunca antes, la Historia de Mar del Plata sigue completándose con un documento gráfico inigualable.

Fuente: Diario La Capital

8 comentarios leave one →
  1. 30 junio, 2010 0:01

    muy bueno todo quiero mandar mis fotos

  2. 30 junio, 2010 0:03

    muy bueno todo

  3. 30 junio, 2010 0:06

    muy lindas

    • Luna permalink
      30 junio, 2010 0:52

      Gracias por pasar por aca Norberto.
      Abrazo!

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