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Mar del Plata lucha para que sus costas no pierdan arena

12 julio, 2010

Mar del Plata lucha para que sus costas no pierdan arena

La construcción de un puerto, de un espigón o la urbanización sobre la zona costera producen perjuicios para la conformación natural de las playas. El refulado realizado hace diez años va cumpliendo su ciclo. Hay una nueva técnica, llamada Arrecifes sumergidos multipropósito (ASM), que consiste en disipar mar adentro la energía de la ola.

Mar del Plata – La erosión marina sigue socavando la costa marplatense, tanto hacia el norte como hacia el sur de la ciudad. Las playas de la zona céntrica pierden arena cada día. A diez años del famoso refulado -que “estiró” las franjas de arena de la Bristol, Popular I y II, Varese y Playa Grande- el problema sigue vigente. Tanto geógrafos como ecologistas coincidieron en calificar a la situación como grave, aunque proponen soluciones diferentes. Desde el ámbito oficial no dan respuestas y los presupuestos corren la misma suerte que los casi 40 kilómetros costeros: se erosionan.

“La erosión es un proceso natural que se ve agravado por acciones humanos, que involucra el desgaste o el quitar material de la costa. O sea que son procesos naturales agravados por la acción humana”, describió a La Prensa la geógrafa Mónica García, titular de la cátedra de Geomorfología en el profesorado de Geografía de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

Pero esa acción degradante no sólo implica la extracción de material por parte del hombre, sino que también se ve afectada por “la interferencia que el hombre hace a la dinámica costera”, añadió para ejemplificar con “la construcción de un puerto, la construcción de un espigón o la urbanización sobre la zona costera”.

“Lo que se vio con el tiempo -agregó la también poseedora de una maestría en Gestión Ambiental del Desarrollo Urbano- es que esas acciones que fijaban el material en un determinado sitio, traían aparejada la pérdida del material que normalmente se traslada, del continente hacia el mar o desde el mar hacia el continente, según los vientos dominantes y la época del año”.

Así las cosas, esa dinámica natural que “alimentaba las playas desaparecieron o se acentuaron y crecieron los procesos erosivos”, explicó.

Un ejemplo de ello es la reciente urbanización de las playas ubicadas al sur de la ciudad pero uno de los principales factores que influyeron fue la construcción del puerto local, debido a que “las escolleras, con su emplazamiento, interrumpieron las corrientes de deriva”, señaló García. Entonces, lo que se cortó fue “”una corriente que arrastra sedimentos, arena fundamentalmente, con un desplazamiento a lo largo de la costa que va desde el sur hacia el norte, normalmente””, describió.

Eso se puede ver en la historia con “la desaparición de la antigua Playa de los Ingleses, ya que la arena se empezó a retrasar en las playas del centro y a pegar la ola directamente contra la rambla”, detalló pedagógicamente el titular del capítulo local de la Fundación Surfrider (www.surfrider.org.ar), el arquitecto Guillermo de Diego.

BARRERAS

Ante el avance implacable del mar, se comenzaron a tomar medidas. De la década de 1930 datan las primeras escolleras, que se formaban “al hincar madera y meterle piedra”, detalló De Diego. En los 40, se hinchaban perfiles de hierro y se cargaban con piedra para “juntar un poco de arena y seguir funcionando. Porque lo que se perdía era playa y ya en esa época entraba por ahí el recurso económico, con la atracción de turistas”.

En ese sentido coincidió la geógrafa, al relatar que en esa época “las playas resultaban un recurso económico. Al advertir que se estaban perdiendo, optaron por una solución tentativa: la construcción de espigones”.

Pero esas escolleras lo que lograron fue “ir trasladando el problema hacia el norte”, reseñó García. En la opinión del arquitecto De Diego “en distintas épocas y según el avance de la tecnología, se replantearon implementar otras formas de protección de la costa como las escolleras en T (en la zona de Camet)”.

“En los años 30 y 40 -describió- las escolleras eran rectas y en los 80 aparecieron las trampas de arena en T, que se quedan con la arena y no sigue su paso hacia el norte. Provocan un efecto dominó, haciendo una especie de by pass para que la arena siga derivando”.

ENSANCHAMIENTO

Así las cosas, con la construcción del puerto local se produjo el ensanchamiento de la playa que estaba al sur de la escollera sur, hoy complejo de Punta Mogotes, y la disminución de las arenas que se aportaban hacia el norte. El tema también llamó la atención de Francisco de Amorrortu, que desde la página virtual http://www.alestuariodelplata.com.ar advierte que “al cortar estas escolleritas, los delicados flujos de la deriva litoral, la protección que siempre tuvieron llevando sedimentos en paralelo a la costa se perdió. La deriva litoral es la eterna aliada de las costas, lo que siempre la protegió de la erosión”.

EL REFULADO

Si hace medio siglo ya se había advertido sobre la necesidad de contar con buenas playas para el desarrollo del turismo, hoy el negocio se amplió. El director de Surfrider bregó porque “además de ofrecer una playa de calidad, tenemos que cuidar los recursos y el paisaje, y las olas forman parte del él. Además, aportan a las arcas, ya que hoy está muy desarrollado el deporte de tabla”.

“En la década del “90 -explicó García- las playas tenían una extensión pequeña, sobre todo las del centro, y se planteó el poblamiento de arena, el refulado, a partir del banco de arena existente en la boca del puerto para redistribuirla entre los sectores de Playa Grande, Varese y las del centro. Esto determinó que las playas de esos sectores se ampliaran casi al doble”.

De acuerdo a la opinión de la geógrafa, el refulado “es una técnica útil pero muy costosa, que tiene una vida útil determinada, entre 5 y 10 años. Así que casi cumplió su ciclo”.

Sin embargo, destacó que el trabajo “se vio influenciado por la existencia de tormentas de sudestadas muy intensas y otros cuestiones, como el tamaño de la arena, que no era el recomendable, era mucho más fina, y el mantenimiento que deberían haber hecho a los 5 años. Pero el costo era demasiado”, señaló.

Por su parte, De Diego opinó que “el refulado es muy bueno, después de un par de temporadas entraron en equilibrio. El sur de Playa Grande está igual y no se mueve a pesar de lo que digan”. En cuanto al mantenimiento, aseguró que “no tiene, se hace y se tiene que seguir haciendo. Hay que seguir refulando. Hoy la arena que se saca del banco no se vuelca a las playas, se vende para la construcción”.

ALTERNATIVAS

De todas formas, también existen otros métodos de protección costera. La geógrafa explicó el funcionamiento de los rompeolas y el arquitecto optó por la vanguardia de los arrecifes. “Los rompeolas son estructuras de materiales rígidos -dijo García-, como roca, que cumplen la función de disminuir la energía del oleaje y se ubica paralela a la costa. Puede estar sumergido o alejado, posibilitando la acumulación de arena”.

Otra posibilidad es “un depósito de roca al pie del acantilado para su protección. Pero es menos conveniente porque no genera playa ni recupera, sólo protege. Pero este sistema es bueno porque no interfiere en los mecanismos o dinámica natural, fundamentalmente”.

Por su parte, De Diego recurrió a las conclusiones a las que arribaron en el seminario “Nuevo Paradigma de la Costa Bonaerense”, celebrado el pasado abril en la ciudad.

“Presentamos -dijo- una visión innovadora sobre el tema y mostramos lo que se hace en otros lados con éxito. Antes se ponía un muro para que golpee la ola y se disipe la energía. Ese muro es una trampa de arena”.

“El doctor Kerry Black -añadió- presentó los arrecifes sumergidos multipropósito (ASM), un nuevo concepto en manejo de zonas costeras y que consisten básicamente en disipar la energía de la ola mar adentro, para que sea utilizada como recurso económico y recreativo y rotarla de manera tal que proteja y lleve arena a la playa. Es lo que sucede, naturalmente, con la Restinga”.

Aunque no especificó costos, De Diego destacó que “hoy hay presupuesto para proteger toda la zona del sur, unos 46 millones de pesos, y muchas veces es peor el remedio que la enfermedad porque con los camiones rompen más el acantilado que el mismo mar”.

Sobre los presupuestos oficiales para proteger toda la zona costera, La Prensa se contactó con el ex director de Recursos Turísticos de la Municipalidad local, Sergio Paleo, quien nunca brindó respuesta.

La influencia del mar en la ciudad es enorme, basta con fijarse en el nombre, en el escudo de la universidad local o en la bandera ciudadana: la ola siempre está presente. Pensando en el futuro se debería llegar a una solución.

14/12/07
LA PRENSA

Fuente: NUESTROMAR

Foto: Rodrigo Alejandro Sanz

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2 comentarios leave one →
  1. Luna permalink
    22 julio, 2010 20:49

    Adelante!
    No hay ningun problema….
    Solo recorda citar la fuente de donde fue extraido el articulo!
    Un abrazo!

Trackbacks

  1. Noticias Argentinas

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