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PINTORESQUISMO, PASEOS Y JARDINES. EL SECTOR RIBEREÑO MARPLATENSE 1900-1945

18 mayo, 2011
PINTORESQUISMO, PASEOS Y JARDINES. EL SECTOR RIBEREÑO MARPLATENSE 1900-1945
Centro De Estudios Historicos Arquitectónicos Urbanos. Facultad De Arquitectura, Urbanismo Y Diseño. Universidad Nacional De Mar Del Plata.
Dirección de contacto: cgerviti@copetel.com Arq. Erviti C. G
:: Parques y paseosLos recorridos a orillas del mar, en vistas a su contemplación y disfrute, construirán sus escenarios a partir del progresivo acondicionamiento de sector costero. La realización de los bulevares costeros -Explanadas- y del Parque General Paz serán, en la primera década del siglo pasado, las intervenciones privilegiadas, enriqueciendo las posibilidades de paseo, de perspectivas y vistas panorámicas.

En buena medida estas intervenciones en la ribera fueron posibles por la inicial “indefinición” del área: el plano fundacional de Mar del Plata, por ejemplo, no establecía una circulación ribereña,  limitándose a dejar una franja entre el trazado cuadricular y la orilla -sabio retiro sobre un sector que, al decir de C. Della Paolera, “pertenecía al mar”-. Por su parte la percepción sobre estos lugares, que conservaban hacia 1900 su aspecto original, arrojó inicialmente valoraciones escasamente pintorescas. Una descripción de aquella época del área en que se asentaría el Parque General Paz, en la Bristol, señala:

  “…en sus inicios fue un gran descampado de aspecto agreste, con unos pocos matorrales y arbustos, cuyo principal  atractivo – si lo tenía – eran las  pendientes e irregularidades del terreno.” 

Del mismo tenor, en ocasión de la inauguración del Paseo General Paz (1909), serán las expresiones vertidas en el diario local La Capital al afirmar que estas obras han logrado:

“…transformar un sitio yermo y abrupto  en el paraje mas soberbio y hermoso”.

El primer proyecto de envergadura para el sector fue realizado por Carlos Thays. El área de intervención abarcó la actual Plaza Colon, el Parque General Paz, la Explanada Sur y, posteriormente, la Explanada del Centenario hasta La Perla. La Explanada Sur -inaugurada en 1909- comenzaba frente al Torreón con una gran terraza contenida por muros de piedra y contaba con jardines, miradores, kioscos, estatuas y farolas; Escalinatas pintorescas la conectaban al actual paseo Jesús  de Galíndez. Por su parte el programa imaginado por el paisajista para el Parque General Paz incluyó, además de paseos y áreas verdes, un variado conjunto de instalaciones para el ocio y el juego: canchas de tenis y de críquet, kioscos, calesitas, refugios peatonales, lagos artificiales irregulares, puentes, elementos simbólicos –como el monumento a Colón- pabellones para alquiler de bicicletas, confitería, etc.

El paseo General Paz  y el área circundante residencial de villas pintorescas, hacia 1930. A la derecha el “Trianon” instalado en el Parque en los años veinte.
Fuentes: Anuario de Mar del Plata y Memorias de la Comisión Pro Mar del Plata
Intervenciones de C. Thays: desarrollo de la Explanada Sur y sus contrafuertes de piedra – de sabor  medieval-, y escalinatas de conexión Explanadas – playa, en el sector norte de la Bristol próximo al Torreón.  Fuente: Memorias de la Comisión Pro Mar del Plata.

Las estrategias proyectuales del paisajista en su intervención marplatense han sido diversamente comentadas. Según Gómez Crespo el parque seguía las directivas del “jardín anglais pintoresco”, si bien escaso de vegetación -que no llego a prosperar- y lleno de senderos irregulares que conectaban el Boulevard con la Rambla (Gómez Crespo,1979); Berjman afirma que no fue menor el impacto de estas obras a efectos de lograr el particular clima urbano del naciente balneario. Con relación al acondicionamiento de Plaza Colon la autora destaca que, en el centro de dicha plaza, instaló “…una curiosa torre Eiffel rodeada de canchas de tenis, críquet, fútbol, aunque parezca extraño incluir esos elementos en una plaza céntrica como esta” (Berjman, 1998)Rescatamos esta perplejidad porque entendemos que Thays aplicó, en el continuo espacial plaza-parque, un programa de paseos, juegos, deportes y feria, alejado de los condicionamientos propios de una “plaza céntrica”. Una crónica posterior ratifica esta interpretación de espacio de variopintos entretenimientos, describiendo en estos términos el parque:  “Parque mal trazado y un tanto rústico, donde hay locales de madera para ventas, circo, calesitas y otros esparcimientos para chicos y grandes… ” 

El área será objeto de continuos acondicionamientos -manteniendo el carácter lúdico indicado-  gestionados prioritariamente por la Comisión Pro Mar del Plata –dinámica institución que impulsaría innumerables emprendimientos en pos del mejoramiento de la “villa de los porteños”. Entre ellos podemos mencionar obras de forestación y cobertura de césped, un anfiteatro para 700 personas, construcción de fuentes y monumentos, organización de eventos para el público adulto e infantil, como la “Semana de la Primavera” -quermeses, deportes y juegos atléticos-. Asimismo se ocuparía del mantenimiento de las Explanadas y del arreglo de las “barrancas jardines” sobre las mismas -tanto los sectores ajardinados de las viviendas como de los sectores de manzanas irregulares libres, producto del encuentro de la trama regular con las sinuosa Explanada Sur. A principios de los años veinte, con la intensificación del uso del sector de Playa Grande, la Comisión gestionará y formalizará en sus barrancas el Parque General Urquiza para lo cual  -anota  en sus memorias –  “se han volcado en la barranca de Playa Grande 3000 carros de tierra por cuanto no había en ella mas que arena del mar y piedra,  no siendo posible aclimatar ninguna vegetación sino a base de tierra vegetal”.  En este sentido el Parque, las Explanadas, los ajardinamientos en las barrancas fueron episodios que borraron las características “agrestes” y “yermas” del territorio original, a partir de un considerable trabajo de “naturalización” del soporte geográfico que conllevó numerosas tareas: parquización, ajardinamientos, control de áreas arenosas, desagües, construcción de grandes superficies de césped, plantaciones arbóreas y floreales, etc.

El resultado de estas intervenciones -sumado a las villas y sus jardines que mas adelante comentaremos- será un paisaje ribereño entendido como “espectáculo pintoresco”.  En el caso del Parque y la plaza con un programa inscripto en la tradición del jardín como ámbito del juego y de la feria –“El jardín estuvo asociado y fue lugar privilegiado del espectáculo desde un inicio” (Silvestri, Aliata, 2001)-, tradición factible de registrar en el jardín barroco y sus sorpresas, o en los elementos asociados a parques y jardines, destinados a divertimentos populares, que aparecen en Europa desde el siglo XVIII: música, kermeses, montañas rusas, zoológicos, juegos de agua, etc. (No casualmente la actividad balnearia incluiría en Mar del Plata, desde un inicio, el casinismo).

El precedente paisajístico ribereño descripto habilitará, hacia los años treinta, un conjunto de propuestas -e intervenciones- signadas por otro paradigma, respondiendo a factores que iniciaban la puesta en crisis del balneario de élite y su viraje a ciudad turística.   Se resignificarán entonces los dispositivos en juego: las cualidades paisajísticas, los espacios públicos, la arquitectura doméstica, los parques, paseos y jardines, las imágenes y focos de interés. Será C. Della Paolera, en su rol de asesor de la Comisión Pro Mar del Plata y posteriormente del nivel municipal, quien tempranamente señalará en esta dirección, denunciando “El formidable ataque que se ha llevado a cabo en estos últimos años a las bellezas naturales de la costa del mar”. 

En el marco de su propuesta de un “balneario jardín”  –“Todos estamos de acuerdo en hacer de Mar del Plata una verdadera ciudad jardín” afirmó- criticará la impostación del trazado original cuadricular sobre la topografía accidentada y con pendientes; destacará el tema de los espacios libres y la vegetación -parques, plazas, reservas naturales y jardines privados-  como parte integrante de la ciudad moderna, juzgando adecuada, pero sin planificación, la provisión de espacios libres en Mar del Plata; postulará para los espacios públicos y calles del balneario jardín la “aireación” y el asoleamiento, introduciendo la posibilidad de perfiles “disimétricos” en calles y avenidas -lo que redundará en el diseño de la actual Avenida Libertad-.

Ejes relevantes de su propuesta serán su preocupación por las vistas al mar y su concepción de un Sistema de parques aplicado a Mar del Plata. Con relación al primer aspecto afirmará que “En los terrenos accidentados el trazado de las calles y la ubicación de los edificios deben tender a asegurar la vista del espectáculo natural ”; Su propuesta de un Sistema de Parques será importante en la reconfiguración progresiva del sector: tomando la Explanada como elemento de ligazón existente, recomienda unir los espacios libres, parques y plazas existentes, además de crear otros, en un sistema de espacios verdes ribereños -un “zócalo verde”- comunicados por avenidas arboladas e hilvanados por una doble costanera vehicular, desde el Golf hasta la Bristol.

La materialización de estas ideas irán conformando, si bien lenta y fragmentariamente, el nuevo y anhelado “retorno a lo natural”; aplicándose inicialmente al área sur de la ciudad, de gran desarrollo en los años treinta: la construcción del Parque San Martín (1937) y las barrancas de verde y piedra del Balneario Playa Grande (1938), junto a la amplia reserva “natural” del Golf Club, constituirán un continuo  de verde junto al mar –“Una costa de líneas amplias y severas en la que se destaquen aisladas y violentas manchas grandes de color” al decir del urbanista- ; se sumarán las nuevas calles vehiculares a orillas del mar en Playa de los Ingleses (1937-38) -con el consiguiente alejamiento de las construcciones precarias de la orilla del mar- y la realización de las barrancas verdes en el sector sur de la Bristol.

Parque General San Martín y barrancas ajardinadas de Playa Grande, obras de inspiración dellapaoleriana –abstracción, austeridad, exaltación topográfica y rusticidad-  propias de la segunda fase.
Fuente: Archivo del autor.

A la red de actividades lúdicas -desde el deporte hasta el teatro- y sus instalaciones, que densamente se acumularon en parques, paseos, barrancas y playas en el período anterior se opondrá, desde los treinta, un horizonte de construcción paisajístico basado en la abstracción, la austeridad y la contemplación del espectáculo de los grandes espacios ribereños y el mar. Sucesión de imágenes de un nuevo espectáculo natural hilvanadas, desde entonces, por la  incorporación, creciente, del automóvil al ocio y a la vida urbana del balneario.

Fuente: http://www.vista-paisaje.com.ar/pintorescospaisajes_arq_erviti.html

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