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ENAMORADA DEL MAR.

13 agosto, 2011

LETRAS DERRAMADAS

El murmullo del viento le traía palabras susurrantes. Allí en la cima se sentía como gaviota dispuesta a emprender el vuelo. Las rocas daban cobijo a su cuerpo, la acompañaban con esa húmeda negrura de las grutas marinas.
Había ascendido sin apenas darse cuenta de lo que hacía. Era una atracción irremediable, imposible, pero existía en cada poro de su piel.
Observaba con deleite el choque espumoso de las olas contra la dureza de las piedras agujereadas, desgastadas por los vaivenes del agua a lo largo de los tiempos.
La sobrecogía la fuerza imparable de la masa verde-azulada. Se maravillaba al comprobar los tonos que iba adquiriendo a lo largo del día, según se desperezara al amanecer. Eran colores mágicos y embrujados. Eran colores que provenían de la garganta profunda del mar, del cuerpo líquido que albergaba en sus entrañas seres acuáticos; gráciles, vistosos, temidos, sabrosos…
Esa amalgama de personajes burbujeantes, era lo que le infundía esa belleza impresionante. Eso; y las historias de barcos hundidos, de mujeres mitad pez, cuya belleza era imaginada en los confines del universo, de misterios y desapariciones.
Inventaba una mesa infinita donde todo tipo de comensales compartían aventuras entre corales, anclas herrumbradas, restos de tesoros y sirenas juguetonas de cabellos adornados con perlas.
De fondo se podía escuchar música de caracolas que los hacía danzar a su compás, mientras peces multicolores decoraban el paisaje marino.
De repente, se sorprendió a sí misma lanzando palabras al aire:
-Mar hermoso, ¡llévame contigo!
Como el mismo misterio que lo envolvía, unas palabras sin presencia, llegaron a sus oídos:
-No puedo hacer eso, pues morirías.
La mujer no se espantó al escuchar esa voz inmensa. De nuevo habló dirigiéndose a él:
-No importa morir si estoy contigo toda la eternidad.
-La eternidad, es mucho tiempo, ¿quién sabe si después te arrepintieses?
-No, te lo aseguro. Estoy cansada de deambular por la tierra sin rumbo certero. Necesito la paz que me inspiras.
-¿Y no has pensado que quizá eches de menos ese mundo terrenal que te agobia? ¿Quién te dice que la paz que aquí hallarás sea la que buscabas?
-¿Y qué he de hacer, morir de vieja soñándola?
-Quizá sea lo mejor…
-¡¡¡No!!! me niego a no descubrir lo que mi corazón ansía…
Con una calma infinita, la voz penetró en su cabeza, diciéndole con dulzura:
-Aquí el tiempo es infinito, mojado, frío en su profundidad. Sólo los que habitan en mi interior están preparados para subsistir. Tú naciste mujer, ser humano. Tu piel es blanca como la luna, suave y delicada. Tu respiración nada tiene que ver con la nuestra. Morirías al poco de haber llegado, sin disfrutar de eso que tanto anhelas…
Con los ojos en llanto, la mujer dejó sus palabras en libertad, diciendo:
-Pero es que no puedo pasarme la vida viniendo a verte, llenándome de tu hermosura sólo con la mirada. Deseo ser parte de ti. Abandonar de una vez mi soledad. Formar parte de algo que me haga suya por siempre, hasta el final de los días…
-¿Sabes?…cada día que has aparecido, has llenado el entorno con tu presencia. Tus ojos me han mirado como pocos lo han hecho. Tu corazón ha emitido ondas de amor hacia mí y yo, con ilusión, me he mostrado zalamero, bravucón, orgulloso y altivo. Todo para ti. Pero al llevarte conmigo, perdería todo eso. Te perdería y no lo soportaría…
La mujer, estaba perdida en su asombro. ¡Su amado la correspondía!…la quería para siempre…
-Está bien, si no quieres perderme por ese amor que me profesas, déjame diluirme en ti. Desapareceré cuando mi cuerpo se deshaga, pero pasaré a ser arena o alga o incluso coral. Seré por fin, tuya para siempre. Seremos uno.
El viento arreció por momentos. La mujer permanecía a la espera. La voz se acalló. Su corazón latía deprisa y el viento bamboleaba su figura peligrosamente.
De repente, una ola gigantesca subió hasta la gruta…
Jamás encontraron su cuerpo.

Cuentan que en ese acantilado ya no rompen las olas. Que el mar está siempre en calma, que ni el mismo viento se deja sentir. Cuentan que una paz infinita te alberga cuando te encuentras mirando esas aguas de colores enigmáticos y profundos.
Y si tienes el alma encogida y el corazón abierto, un rumor de caracolas esparcirá una dulce melodía de amor que invadirá tus oídos…

En costa lejana y en mar de Pasión,
dijimos adioses sin decir adiós.
Y no fue verdad la alucinación.

Ni tú la creíste ni la creo yo,
«y es cierto y no es cierto»
como en la canción.

Gabriela Mistral

Fuente: http://search.babylon.com
Foto: Rodrigo Alejandro Sanz

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2 comentarios leave one →
  1. griselda1942 permalink
    13 agosto, 2011 13:30

    BELLO AMIGA…MIRAR EL MAR…ATRAPADA LA MIRADA EN LA INMENSIDAD …LA PRESENCIA DE DIOS Y DEL COMIENZO DEL MUNDO…Y SI FIJAS LA MIRADA EN EL HORIZONTE TE PARECE VER ESCAPAR EL ALMA AL INFINITO

    • Luna permalink
      13 agosto, 2011 14:06

      Asi es mi bella amigaaaaa!!! Te mando un abrazo inmenso como el mar !!!

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