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Sor María Ludovica dejó sus huellas en Mar del Plata.-

4 septiembre, 2011

Solario de Punta Mogotes, para la recuperación de niños débiles..

Sor María Ludovica en Mar del Plata

Debido a que le extirparon un riñón, fue obligada a tomar un breve descanso en Mar del Plata. Sintiendo en sí misma las bondades del mar, del aire yodado y de los rayos solares, pensó en estos beneficios para que disfrutaran los niños del Hospital atacados por problemas óseos, débiles y raquíticos.

Se embarcó así en el proyecto de un solario marítimo. Fue una lucha titánica de siete años, debido a muchas oposiciones, pero con su voluntad tenaz y con las oraciones pedidas por ella a los enfermos y al Hospital, se vencieron los obstáculos y se inauguró en 1943. Sor Ludovica sabía que sanar el espíritu es más beneficioso que curar las enfermedades. Por eso, hizo construir una capilla que dedicó a San José.

El Solario era un anexo al Hospital de Niños y ella era la responsable como administradora. Viajaba dos veces por mes en un vehículo al que llamaba cañoneta, iba siempre cargada de niños. Logró que en el mismo Solario funcionara una escuela para que no se atrasaran los que permanecían tiempo internados. Situación similar se vivía en el Hospital.

Sor Ludovica aprovechaba la vecindad del puerto para procurarse canastas de pescados frescos y baratos. Enseñaba a las empleadas a prepararlos y trabajaba a la par de ellas. (Extractado del libro “Beata Ludovica De Angelis”)

Beata Sor Ludovica

El ángel de los niños enfermos
Una humilde religiosa italiana, de las Hijas de la Misericordia, animada por un elevado amor a Dios y al prójimo,
transformó dos simples salas con capacidad para sesenta camas en un pujante centro de salud con 25 servicios y
atención a seiscientas personas. Es el Hospital de Niños de La Plata que hoy lleva su nombre: Sor Ludovica (1880-1962)
El 24 de octubre de 1880 nace en San Gregorio, pequeño pueblo de montaña en la región de los Abruzzos, Italia, Antonina De Angelis hija de Ludovico De Angelis y Santa Colaianni. Humildes labradores de la región, enseñan a la pequeña sus primeras palabras y oraciones al mismo tiempo que infunden en ella el amor a Nuestro Señor Jesucristo, la devoción a la Santa Virgen María, a la misa dominical y a los sanos principios de castidad y caridad cristiana.
Hija de la Misericordia
Antonina creció en ese hogar devoto y piadoso, ayudando a sus padres y llevando una vida ejemplar hasta que a fines de 1904 anuncia que estaba decidida a abrazar la vida religiosa, ingresando el 14 de noviembre de ese mismo año en el noviciado de las Hijas de la Misericordia. En mayo de 1905 viste el hábito y toma el nombre de María Ludovica, con el que pasa a la inmortalidad. El 3 de ese mes hace sus votos de obediencia, pobreza y caridad para dedicarse, durante los dos años siguientes, a la oración, al cuidado de la niñez y al socorro de los menesterosos.
Dos años después, el 14 de noviembre de 1907, su congregación la envía a la Argentina, integrando un reducido grupo de religiosas que arriba al puerto de Buenos Aires el 4 de diciembre siguiente, encaminándose a la ciudad de La Plata. Llamada por las damas de la Sociedad de Beneficencia, se incorpora al incipiente Hospital de Niños local, fundado el 6 de septiembre de 1887.
De la cocina a la administración
Las modestas instalaciones, más allá de un simple alambrado, se limitan a dos salas de madera bajas y chatas con sólo sesenta camas, en el que atienden seis médicos y dos enfermeras. Fue entonces que se la destina al lugar más humilde del centro de salud, la cocina y la despensa, donde se ocupa de preparar los alimentos para internados y residentes.
Sor Ludovica comienza a visitar, primero esporádicamente y luego de manera más asidua, las salas de niños enfermos, descubriendo en ellas las carencias y necesidades que padecen, consolándolos con afecto maternal. Tal fue su actitud, que en 1909 el Dr. Carlos Cometto, director del nosocomio, la propone como administradora, cargo que la religiosa italiana intenta rechazar por no considerarse capaz.
Nada más lejos de la realidad
Conociendo de cerca las carencias que el Hospital de Niños padece, sor Ludovica inicia una serie de obras tendientes a su ampliación, solicitando la colaboración de la población platense. Para ello, recorre la capital provincial sobre un rústico carro tirado por caballos, con el que visita comercios, almacenes, tiendas, fábricas y principalmente familias, requiriendo ayuda material para llevar delante su misión en pro de los niños enfermos. La obtiene, y de esa forma la institución a su cargo comienza a experimentar sus primeras mejoras. Rifas, donaciones y festivales incrementan los ingresos con los que las obras emprendidas se aceleran notablemente.
Cuando entre 1924 y 1925 la administración del Hospital pasa a depender del Ministerio de Salud Pública de la Provincia de Buenos Aires, la población de La Plata en general y la del consejo de administración en particular, solicitan que la religiosa permanezca al frente de su administración, petitorio que encuentra eco favorable para bien de los pequeños internados que en ella tienen a una madre y benefactora. Según palabras del Dr. Raúl Romero, Sor Ludovica supo brindar al Hospital de Niños una calidez especial con la que se superó la típica frialdad de esas instituciones, estableciendo con éxito el espíritu de familia entre internados, médicos, enfermeros y directivos.
En Europa
En 1935 sor Ludovica es operada de un tumor en los riñones, del que se recupera totalmente, para regresar a sus funciones de administración hospitalaria con más fuerza que nunca, después de un
viaje de descanso a su Italia natal.
Además de visitar a su familia y reencontrarse con viejos conocidos, Ludovica se dedica a recorrer hospitales, sanatorios y laboratorios y a estudiar las obras dedicadas a recuperar niños enfermos, con la intención de poner en práctica en la Argentina otras de iguales características, objetivo que logra exitosamente a su regreso, lo mismo que el solario de Punta Mogotes para la recuperación de niños débiles.
Una de sus iniciativas de mayor envergadura es hacerse cargo de los niños pobres que sus padres llevaban al hospital y luego abandonan, sin volver a retirarlos. De su crianza y educación se ocupa personalmente, para que en el futuro desarrollen un oficio con el que puedan ganarse la vida.
También se preocupa por el estado de abandono espiritual en que se encuentran los chacareros de City Bell. En una de las esquinas de la quinta y granja que instala a fin de obtener productos de primera calidad para sus niños, construye una capilla y pone en marcha una misión.
En el Hospital de Niños de La Plata todo es obra concebida, dirigida y obtenida por la Madre Ludovica
Todo es obra de Sor Ludovica
En 1951 el ministro de Salud Pública de la provincia, Dr. Carlos Boccalandro, emite un decreto por el que se le impone al Hospital de Niños el nombre de sor Ludovica, iniciativa que cuenta con el acuerdo y beneplácito de todo el pueblo de La Plata. Sin embargo, la religiosa se opone a ello tenazmente, amenazando con regresar para siempre a Italia si la iniciativa se concreta.
Recién después de su fallecimiento, el 25 de febrero de 1962, cuando cuenta 82 años de edad, el merecido homenaje puede realizarse. Durante su sepelio, el Dr. Carlos Boffi, director del Hospital, manifesta que por entonces funcionaban “…25 servicios con capacidad para 600 enfermitos. Todo es obra concebida, dirigida y obtenida por la Superiora, Madre Ludovica”.
Con su desaparición, los niños enfermos no solamente pierden una madre sino a un verdadero ángel protector.
En el año 2004 es beatificada por el Papa Juan Pablo II, después de haber sido reconocido un milagro de curación en una niña platense de pocos años de edad.
Una curación milagrosa
En mayo de 1988 nace en La Plata una niña con graves trastornos de salud entre ellos la espina bífida y las vías urinarias, la vejiga y uno de sus riñones, sumamente deteriorados, agravando el cuadro la
inmovilidad de sus extremidades inferiores. A los dos meses los médicos la operan para colocarle una cánula por medio de la cual su sistema urinario trabaje un poco mejor.
Cuando la niña tiene nueve meses, un tío suyo, médico del Hospital de Niños, va a ver a la hermana Emilia Paternostro, sucesora de Sor Ludovica y notaria de su proceso de canonización, para pedirle que rece por su sobrina.
La hermana Emilia así lo hace, no sin antes darle las llaves del cementerio para que lleven a la niña a la bóveda que guarda los restos de la religiosa y recen ellos también. Al hacerlo, después de ingresar, colocan a la pequeña en el suelo, junto al sarcófago de Ludovica, y al instante comienza a mover sus piernas. Pero lo que más sorprende a los presentes fue ver a la niña apoyarse en el ataúd y ponerse de pie. A los 20 meses de edad, camina perfectamente.
A partir de entonces la familia sigue rezando a la religiosa italiana todos los días ya que la niña sigue padeciendo serios problemas.
Al cumplir cuatro años los médicos comprenden la necesidad de extirparle un riñón e intentar reconstruir su vejiga. Cuando todo está listo para la intervención, una infección surgida a último momento impide que la misma se concretase.
Cuando a los tres meses la niña vuelve para ser conducida al quirófano, los médicos, sorprendidos, comprueban que la vejiga y el riñón funcionan perfectamente. Solo se le implantan los uréteres, con lo que la curación se completa. Estudios exhaustivos realizados por científicos demuestran que se ha restablecido milagrosamente. El Señor ha obrado un prodigio en ella a través de Sor Ludovica.
Traslado de sus restos a la Catedral de La Plata
El 8 de marzo de 2004 el Honorable Concejo Deliberante de La Plata aprueba el traslado de los restos de Sor María Ludovica desde el panteón de las Hermanas de la Misericordia de la Catedral platense, para su “pública veneración”. De comprobarse un milagro más, la venerable religiosa de las Hijas de la Misericordia accedería a la santidad que ya tiene ganada por la grandeza de su obra en pro de los niños enfermos y necesitados.
Fuente :Fundación Argentina del Mañana

http://www.sormarialudovica.com.ar

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